NOTHING IS IMPOSSSIBLE WITH GOD
The Easter Season is rapidly drawing to a close. We will be celebrating the feast of the Ascension very shortly, the day on which Jesus left his followers to return to the Father. In today’s gospel reading we get a sense of how Jesus prepared the disciples for life after the Ascension when his physical presence would be replaced with other relationships. In order that this new way of living would be more deeply grounded, Jesus pointed out ways that would help secure life for the disciples.
Two particular thoughts in the gospel reading strike me as core messages that Jesus left with his disciples, namely that they would not be orphaned, and secondly, that the Spirit will take his place and be in their midst forever.
Have any of you ever experienced the reality of being an orphan or have you been acquainted with someone who was or is an orphan? The image that comes to my mind are scenes from newscasts. These news clips often portray hundreds of children in our world who are abandoned and left behind in war torn Iraq or other unsettled areas of the world. The looks on their faces tell us how abandoned they feel, how sadness and grief and fear have taken over their lives. There seems to be no sense of hope, no assurance that a new home might be waiting for them. And, if the latter could be their good fortune, how blessed would these children be!
When Jesus said to his disciples, “I will not leave you orphans,” he could identify with the feeling of abandonment which comes with being an orphan. I am sure that is the feeling he experienced in the garden of Gethsemane when the apostles deserted him. Now, before Jesus ascended to heaven he wanted to assure them that when he was no longer physically in their midst, they would have some guarantee of how his presence would continue. The key connector in all of this is the gift of the Spirit whose ongoing presence remains with us now and to the end of time. This truth is emphasized over and over again in many of the Easter gospel stories—God, Jesus, is always with us.
Perhaps it would be well worth our while to dwell on this fact for a bit. How does this presence of the Spirit, of Jesus, occur in our lives? Did it dawn on you that our families, our relatives and friends, neighbors and the parishioners of this faith community are all evidence of God’s presence in our midst? The traditions of family life are passed on through children. So the presence of God that grows in family circles becomes more deeply rooted and spreads in many directions as a result of family extensions.
We experience God’s presence in the neighbor or friend who goes the extra mile when we are in need. It is up to us to allow God and the presence of the Spirit to be evident to those closest to us and to all the world by the way we live the Commandments. In the opening words of the Gospel Jesus says, “If you love me, you will keep my commandments.” That is to say, keep God’s way of life; sort out the false standards which bombard us in a society that sometimes is upside down. This can be a strong order.
But as we believe the word of Jesus and the presence of the Spirit in our lives, we know well that this presence is our strength in a world where values and standards are often not in sync with God’s design.
I think of ourselves as very much like the apostles and disciples of Jesus, sometimes coasting along in life, not as connected to God as we would like to be. At such times God often intervenes in our lives, perhaps in many ways we may not appreciate. But God gives us signals to stop and pause. And, in that pause, we are invited to be mindful that Jesus did not leave us as orphans.
He is with us through the power of his Spirit. A renewed thrust of courage and hope, of faith and love, will fill our lives with a determination to be a true follower of Jesus and a faithful member of this Christian faith community.
Father Jim Kaczorowski
CON DIOS NADA ES IMPOSIBLE No Quedarán Huérfanos
La temporada de Cuaresma esta rápidamente llegando a su fin. Muy pronto estaremos celebrando la festividad de la Ascensión, el día cuando Jesús dejó a sus seguidores para volver al Padre. En la lectura del Evangelio de hoy, nos damos una idea de cómo Jesús preparó a los discípulos para la vida después de la Ascensión, cuando su presencia física seria reemplazada con otras relaciones. Para que este nuevo modo de vivir fuera mas profundamente enraizado, Jesús señalaba caminos que ayudarían a asegurar la vida de los discípulos. Dos pensamientos en particular en la lectura del Evangelio me suenan como mensajes centrales que Jesús dejó con sus discípulos, primero, que no se quedarían huérfanos y segundo que el Espíritu tomaría su lugar y estaría en medio de ellos para siempre.
¿Alguno de ustedes ha experimentado la realidad de ser un huérfano o ha conocido a alguien que lo es? La imagen que viene a mi mente son escenas de las noticias. Estos cortos de noticias con frecuencia presentan cientos de niños en nuestro mundo quienes son abandonados y dejados en países destrozados por la guerra como Irak o en otras áreas problemáticas del mundo. Las miradas en sus caras nos dicen cuan abandonados se sienten, como la tristeza, miedo y angustia se han apoderado de sus vidas. Parece que no hay ningún sentido de esperanza, ni seguridad de que un nuevo hogar los pueda estar esperando. Y si esto último pudiera ser su buena fortuna, ¡cuan bendecidos serian estos niños!
Cuando Jesús le dijo a sus discípulos, “no los dejaré huérfanos,” el podría haberse identificado con el sentimiento de abandono el cual viene de ser huérfano. Estoy seguro que es el sentimiento que el experimentó en el jardín de Getsemaní cuando los apóstoles lo desertaron. Ahora, antes de que Jesús ascendiera a los cielos, el quería asegurarles que cuando el no estuviera físicamente con ellos ya mas, ellos tendrían alguna garantía de cómo su presencia continuaría. Su conexión clave en todo esto era el regalo del Espíritu, cuya presencia permanece con nosotros ahora y hasta el fin de los tiempos. Esta verdad se enfatiza una y otra vez en muchas de las historias del Evangelio de Cuaresma – Dios, Jesús, esta siempre con nosotros.
Quizá bien valdría la pena reflexionar en este hecho por un rato. Como esta presencia del Espíritu, de Jesús, ocurre en nuestras vidas? ¿Se les ha ocurrido que sus familias, sus familiares y amigos, los vecinos y los miembros de esta comunidad de fe son todas evidencias de la presencia de Dios entre nosotros? Las tradiciones de la vida familiar se van pasando a través de los hijos. Entonces la presencia de Dios que crece en los círculos familiares se vuelve mas profundamente enraizada y se derrama en muchas direcciones como resultado de las extensiones familiares.
Experimentamos la presencia de Dios en el vecino o amigo quien va un paso más allá cuando estamos en necesidad. Depende de nosotros permitir a Dios y la presencia del Espíritu ser evidentes a aquellos más cercanos a nosotros y a todo el mundo por la manera como vivimos los Mandamientos. En las palabras de apertura del Evangelio, Jesús dice, “Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos.” Esto quiere decir, vivir la vida a la manera de Dios, deshacerse de las normas falsas con las cuales nos bombardean en una sociedad que algunas veces está volteada al revés. Esta puede ser una orden muy fuerte.
Pero si creemos en la palabra de Jesús y la presencia del Espíritu en nuestras vidas, sabemos bien que esta presencia es nuestra fortaleza en un mundo donde los valores y normas con frecuencia no están de acuerdo con los designios de Dios.
Yo pienso en nosotros como muy parecidos a los apóstoles y discípulos de Jesús, algunas veces navegando por la vida, no tan conectados con Dios como nos gustaría estar. En tales ocasiones Dios con frecuencia interviene en nuestras vidas, quizá en muchos modos que podemos no apreciar. Pero Dios nos da señales para parar y tomar una pausa. Y en esa pausa, se nos invita a recordar que Jesús no nos dejo huérfanos.
El está cono nosotros a través del Espíritu. Un renovado empujón de valor y esperanza, de fe y amor, llenará nuestras vidas con una determinación de ser verdaderos seguidores de Jesús y un miembro fiel de esta comunidad de fe cristiana.
Padre Jim Kaczorowski


