CON DIOS NADA ES IMPOSIBLE
Hoy alcanzamos el gran clímax prometido por Jesús a los discípulos, la llegada del Espíritu Santo a los apóstoles. Al acercarse Jesús al momento de su Ascensión al cielo, con frecuencia se refería al regalo que el enviaría el cual fue prometido durante la Ultima Cena. Hoy nos volvemos testigos de esa promesa en ambas lecturas, la de Actos de los Apóstoles y el Evangelio de San Juan.
La venida del Espíritu en los Actos de Los Apóstoles se simboliza de algunas maneras muy fuertes – viento, fuego, diferentes lenguas. Estas imágenes hablan acerca de gran fuerza, vibraciones, energía, diversidad y luz. Gran contraste con el acercamiento quieto de Jesús cuando respiró encima de los discípulos en aquella primera noche de Domingo de Pascua, es la cual se vuelve a contar en el Evangelio de hoy. En este último, el mensaje de Jesús era de paz, la paz que viene con la vida del Espíritu dentro de cada uno de nosotros.
Algunas veces, cuando escuchamos las historias leídas, podemos pensar que maravilloso hubiera sido haber estado presente para estos eventos. Podríamos sentir que ser un testigo de semejantes sucesos habría, de hecho, dado vida a nuestra fe y nos hubiera dado a nosotros el gusto y determinación de ser de servicio a otros. Pero si escuchamos la lectura de la Carta de Pablo a los Corintios, nos asegura que no teníamos que haber estado presentes en el primer Pentecostés o Pascua para recibir el poder del Espíritu. Hemos sido bautizados en el Cuerpo de Cristo, como Pablo dice, y así hemos recibido el regalo y poder del Espíritu.



